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Desapareció la sorpresa
13/11/2017(A Pleno Rugby)
Los Pumas no pudieron con una Inglaterra que supo cómo esperar a un equipo sin inventiva. En su columna semanal en A Pleno Rugby, Frankie Deges analiza la actuación Argentina y te cuenta las dificultades por las que atraviesa el equipo de Daniel Hourcade. La actividad Puma.
Empecemos por el cierre. Esas treinta fases que empezaron en el minuto 73 y 18 segundos cuando el debutante Sebastián Cancelliere tomó un kick y pasó al fullback Joaquín Tuculet. Durante los siguientes tres minutos y 57 segundos, Los Pumas retuvieron la posesión avanzando centímetro a centímetro ante un combinado inglés que más allá de saberse ganador, hubiera preferido mantener invicto el ingoal.



El wing de Hindú, que horas más tarde disfrutó en Londres del triunfo de su club, tocó cuatro veces el balón en ese período de ataque constante y si bien su debut no terminó en victoria, tampoco fue mucho lo que pudo hacer en Twickenham.

El ingresado medio scrum Gonzalo Bertranou estuvo en contacto con la pelota 23 veces en todas esas fases; salvo en una ocasión que avanzó un par de metros, fue un pasa-pelota a quien estuviera disponible. El sobre-abuso de Apache, esa herramienta de ataque ya conocida por todos, facilitó la equilibrada defensa de una Inglaterra que no por nada es el segundo mejor equipo. Todavía no está a la altura del mejor, pero es claramente el segundo.

Así Los Pumas fueron, con Alemanno, con Kremer, Matera y Sánchez, con Tute Moroni, con Macome y con Montoya. Ejercitaron algo que les venía faltando en partidos recientes: la paciencia.

Poder hacer esto a cinco minutos del cierre de un test-match del más alto nivel físico es positivo porque pudieron mantener la posesión y el estado físico les alcanzó para terminar dominantes.

No tan positivo fue lo anterior, el no haber podido construir una sólida idea de juego frente a un equipo inglés que más allá de parecer oxidado, supo no sólo aprovechar los momentos, sino que ejercitó una paciencia oriental – ¿tal vez a partir de los orígenes japoneses de Eddie Jones? – para contener unos Pumas repetitivos.

Decir que Los Pumas se han acostumbrado a no ganar los lastima sobre todo a los jugadores. Es clave dejar claro que el equipo quiere, necesita y trabaja para ganar. No se dan los resultados por una serie de circunstancias que son, en definitiva, las causales en la cancha de que no se gane.

Hay errores pequeños y otros más grandes. Los más notorios son la imposibilidad de sumar puntos en cuanto aparecen las oportunidades. Los cuatro penales y la conversión marrados por tres jugadores distintos son una presión extra sobre un equipo al que los hombros le explotan del sobrecargo de la presión que implica no conseguir resultados positivos.

Si hubieran embocado más Hernández, Boffelli o Sánchez, ¿el resultado hubiera sido distinto? Difícil imaginar, pero en el juego mental le hubiera dado mayor confianza.

Inglaterra fue inteligente

En realidad, sabiendo cómo iban a jugar Los Pumas plantearon una defensa a todo lo ancho del campo de juego, involucrando a la menor cantidad de jugadores en el punto de encuentro y así cerrando cada uno de los espacios que podían llegar a surgir.

Ese es el gran problema de Argentina: todos saben cómo va a jugar. Se perdió la capacidad de sorpresa.

Seguimos esperando el renacer de un equipo que nos llenó de orgullo y alegrías hace tan solo dos años. Hoy, duele escribirlo, es casi una sombra de aquel equipo en los resultados y en un juego que no termina de aparecer.

Hourcade, según tengo entendido, seguirá hasta Rugby World Cup 2019 y si bien no habrá que pegar un volantazo, habrá que replantear cosas desde el juego. Y seguramente de cómo se prepara una temporada eterna.

A los jugadores les quedan dos semanas de gira y empiezan el 2018, con coach nuevo en Jaguares, la primera semana de enero; temporada que terminará en noviembre. Es más fácil que cargar bolsas en el puerto (vieja comparación con una labor que ya no existe) pero el costo de tanto golpe, entrenamiento y viaje, si los resultados no se obtienen hace que cada kilo que se levanta en el gimnasio, cada pelota que se pase, cada tackle que se hace, cueste más. Mucho más.

¿Habrá que hacer un replanteo en cuanto a los jugadores? ¿Están los mejores? De los que están en el país, ciertamente sí. Podrán faltar uno u otro, pero la mayoría está bien elegida.

La comparación directa entre lo producido por los aperturas de Los Pumas Juani Hernández y Nico Sánchez, con la conducción de Joaquín Díaz Bonilla para Hindú un par de horas más tarde genera dudas en los hinchas.

Pareciera que el campeón argentino y porteño merecería la oportunidad de mostrarse a un nivel más alto. Esa oportunidad no la tuvo en Jaguares donde este año fue actor de reparto. ¿Pasará eso ahora que llega Nico Fernández Miranda a Jaguares? Todas estas son dudas que surgen por una nueva derrota.

La mudanza a Italia cambia el idioma del interlocutor pero no esa angustiante necesidad de ganar. Encima, si se pierde con Italia será una catástrofe pero si se gana es lo esperable porque los que capitanea Sergio Parisse están a priori un escalón debajo de los nuestros.

Vaya la paradoja entonces que históricamente este encuentro ha generado muchas complicaciones para Los Pumas y es de esperar otro encuentro duro, difícil, enmarañado.

Ganar es todo en este nivel y un triunfo es el primer paso a la reconstrucción, sobre todo pensando en el cierre de la gira contra una Irlanda que apabulló a Sudáfrica en Dublín.

Yendo paso a paso, Italia es parte de la reconstrucción. El fin del encuentro en Twickenahm fue positivo por el try. Pero queda la necesidad de cambiar, de sumar variantes y sorpresas ya que hoy el equipo es muy previsible. Que el partido en Florencia sirva entonces como punto de lanzamiento.
Por: Frankie Deges
Foto: Villarpress
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