Estaba anunciado como titular en el partido de Intermedia. La idea era que jugara un ratito y rápido a descansar para sumarse a la Primera y tener algunos minutos. La gente se acercó temprano para seguir disfrutándolo. El día invitaba. Sol, ni una nube, calorcito. Pero él no estaba en cancha…

Lisandro Arbizu sorprendió a propios y extraños cuando salió al calentamiento previo con el primer equipo. Con un buzo azul, elongó y siguió al pie del cañón las indicaciones del preparador físico. Concentrado y con las mismas ganas de un pibe de 20, como Matías Masera, Santiago García Botta o Benjamín Espinal, a los 40 años, en un rato, cumpliría un sueño más en su carrera, sin dudas el más revelador.
Y a los veintidós del segundo tiempo, se materializó: “Estoy feliz, se dio todo. Fue como un nuevo debut para mí. Jugué tres partidos en mi país, en mi club, con las tribunas llenas, espectacular. Tenía una adrenalina como si recién empezara”, sostuvo el Liso, emocionado, antes de meterse en el callejón de despedida.
“Gracias, gracias y más gracias. Aprovechen el club. Disfruten lo que tienen. Nunca quise forzar este día, simplemente quería cumplir un sueño”, les dijo a todos en una improvisada ronda, con los ojos vidriosos pero sin lágrimas a la vista, porque él siempre fue un gladiador, aunque los hombres también lloran.

Quince años, dos meses y dieciocho días habían pasado desde aquel 10 de mayo de 1997 cuando Arbizu se despidió en un match ante Regatas para transformarse en el primer argentino en dar un paso hacia el rugby profesional. No sólo eso, también, junto a Rolando Martin, es el player con más caps en Los Pumas (86) y el capitán más joven en liderar al seleccionado argentino. Participó de tres Mundiales (1991, 1995 y 1999) y se perdió el de 2003 por lesión. Un grande.
Por eso, tras recorrer un camino lógico, porque siempre se caracterizó por su humildad y predisposición, que incluyó actuar en Preintermedia con San Luis, Intermedia con San Cirano, reemplazó a Sebastián Gastaldi en Primera ante Lomas y resultó vital para contagiar a sus compañeros y que el Marrón terminara goleando 40-10. “La vida me dio esta oportunidad. Fue todo muy emotivo, no encuentro palabras para describirlo. Estas son mis raíces”.
¿Y ahora? “Ahora a entrenar y seguir jugando”, dijo en referencia a su nuevo emprendimiento en el VRAC Valladolid, equipo que milita en la máxima división del torneo español, certamen que viene creciendo con buenos augurios, nutriéndose de experimentados protagonistas de la ovalada. “Fue mi último partido en Belgrano”, aclaró. Esta semana ultimará detalles y en breve partirá a Europa.

Así como un día se apareció por Virrey del Pino 3456 a los entrenamientos sin avisarle a nadie, dejando boquiabierto a más de uno, ahora toca partir definitivamente con la satisfacción del deber cumplido; habiendo dejado el alma y el corazón, como siempre hizo cada vez que se paró en una cancha. “Disfruté todo y de todos. Eternamente agradecido. Adiós”. Chau, Liso…
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Por Ignacio Mango (@nachomango) Fotos: Candela Cortabarría Para www.aplenorugby.com.ar |