SCRUM 5 / Notas
Crack en estado puro
Crack en estado puro
26/6/2013(A Pleno Rugby)
Con condiciones técnicas que lo llevaron a jugar en Los Pumas a los 17 años, Gustavo Jorge se convirtió en un emblema de Pucará y referente de una dinastía de habilidosos que hoy es bandera en el club. Vida y obra de un talentoso en Scrum 5.

Apareció muy joven en la Primera de Pucará, allá por 1989. Con sólo 17 años Gustavo Jorge comenzó a transitar un camino en el mundo de la ovalada que lo llevaría por distintos destinos, tal cual lo reflejan sus anécdotas y su hogar, donde en cada rincón se respira rugby. Hay recuerdos por todos los ambientes: platos, cuadros, fotos y dos camisetas, las suyas, las de su corazón: la roja y la celeste y blanca.  

Desbordado de talento y velocidad pese a crecer como apertura, sus condiciones hicieron que se salteara de jugar en Menores de 19 para representar a su club en Primera jugando como wing y nada menos que para reemplazar a Josi Palma. Pero no le pesó, para nada. Y por eso su nombre hoy es recordado como un eslabón más de una cadena de cracks que hicieron de Pucará una cantera de wines. El día del nacimiento de Los Pumas, en 1965, quedará grabado por el vuelo hacia el ingoal de Marcelo Pascual. Con él nació la dinastía por la banda: Josi Palma, Fernando González Moran, Lucas Borges, Manuel Montero y, obviamente, Gustavo Jorge, quien tiene una explicación para eso. “Gran parte de lo que pasa en Pucará lo llamo genética visual, que es lo que aprendimos viendo sábado a sábado. Después si tus viejos te dieron la genética para recrear lo que tanto te motiva salen tipos como los backs de gran nivel que supo y sabe tener el club”, cuenta el Kuta, nacido el 24 de octubre de 1971, con Scrum 5.

Fue César Cachito Minasi quien decidió colocarlo de wing –aunque su estreno oficial fue como fullback ante Biei-. “Me costó mucho aprender un puesto nuevo, sobre todo en defensa, no estaba acostumbrado, me faltaba experiencia y tuve que hacerla muy rápido y en partidos importantes”, cuenta. Paradójicamente ese año ‘89 tuvo dos caras en su vida. Con el Rojo no encontraron la regularidad y el equipo cayó a Segunda (“Fue un año difícil, muchos jugadores se habían retirado y había problemas dirigenciales”), pero llegó un llamado inesperado. Rodolfo Michingo O’Reilly lo citaba para jugar el Sudamericano de Uruguay de ese año.

“No entendía, estaba en el secundario y de repente te entregan la camiseta y el bolso y me mandaron a Uruguay. Tenía pósters en mi habitación del Chapa Branca, el Tano Loffreda, Jorge Allen y era una locura jugar al lado de ellos”, recuerda. Jorge apoyó el primero de sus seis tries en la tarde de su debut con goleada 103-0 sobre Brasil, cuando apenas se llevaban dos minutos de juego, logrando así un doble record: se convirtió en el jugador que más rápido y mayor cantidad de conquistas apoyó en su estreno internacional. No serían las únicas.

Debutó en un Test en 1990 ante Irlanda, con derrota 20-18 en el final (“nos robaron un partido insólito, había gran localismo y nosotros estábamos aislados del mundo”), luego sufrió un inapelable 51-0 ante Inglaterra y llegó el Mundial de Gales ’91. “Lucho Gradín nos dijo la verdad, sabíamos que no íbamos a jugar, que estábamos para dar una mano. Pero teníamos permisos especiales, salíamos por las noches, íbamos a bares y recorríamos la isla. De día se ayudaba y de noche teníamos libertades”, revela el back. Y agrega: “Fue un Mundial injusto porque se jugó muy bien contra Australia y Gales y contra Samoa fue una carnicería. Creo que fue la única vez que agradecí estar afuera de una cancha”.

No obstante el progreso del wing a nivel seleccionado se mantuvo en alza durante todo el proceso previo a Sudáfrica ’95. En ese lapso hubo dos momentos bisagra en el seleccionado que Jorge se enorgullece de haber vivido. “En el ‘92 vino a entrenarnos Alex Wyllie para la gira que hicimos por España, Rumania y Francia. Se dio un gran click en el equipo, nos entrenó dos semanas en Hindú con un sistema de entrenamiento serio y logró marcarnos el rumbo. Nos inculcó la disciplina del entrenamiento, empezar a cumplir horarios, usar la indumentaria adecuada y cumplir normas. Éramos buenos jugadores, pero faltaba estructura y jugar en equipo. Fuimos treinta y jugamos siempre los mismos, tuvimos un gran desgaste pero se dio el objetivo final de ganarle a Francia por primera vez como visitante (24-20 en Nantes), y nos vino muy bien porque después de años de pasarla mal fue un desahogo y una victoria histórica”.

Y el otro, la primera serie con triunfo ante Escocia, en 1994. Era una fija para el Mundial que se avecinaba, pero la UAR cambió los entrenadores y Kuta, sorpresivamente, quedó afuera. “Si ellos seguían creo que hubiera ido. No me quedo con ninguna deuda, he viajado muchísimo, tanto con el Seven como con el seleccionado. Me hubiese gustado ir porque estaba en una etapa de madurez muy alta, estaba para jugar en serio, para tomar riesgos y decisiones. Sabía que podía medirme de igual a igual con cualquiera, pero las cosas son así, no se dan y no se puede hacer nada”. En su haber de seleccionados sobran los lauros. Ganó el Seven de la República con Buenos Aires, participó de los históricos triunfos del seleccionado porteño ante Inglaterra y Sudáfrica, fue campeón argentino, sudamericano y logró la medalla de Plata en el primer Mundial de Seven, disputado en Escocia en 1993. “Más no se puede pedir”, reconoce.

Su paso por Pucará fue creciendo a medida que el nivel del equipo bajaba. La irregularidad era la única normalidad y eso, sumado a problemas dirigenciales lo llevaron a cambiar de aire. “Venía jugando los Sevens con el CASI y además tenía una amistad con Matías Allen del Mundial ’91. Me fui a un club a competir para salir campeón. Y más allá de no tener un gran equipo la mentalidad era esa. En Pucará estábamos acostumbrados a pelear descensos”, admite. Rozó la gloria en el 2000, cuando las Cebras perdieron la final ante Atlético del Rosario en tiempo suplementario. “Me queda pendiente esa final, fue medio injusto perderla porque tuvimos un gran año y no se dio por un penal. De saber que con el empate éramos los dos campeones quizás no hubiéramos arriesgado tanto”, confiesa. 

Volvió a su primer amor en 2003 y allí jugó hasta el retiro en 2007, frente a Newman. “Fue una etapa distinta, era otro jugador, con otra experiencia, más áspero, más fuerte. A esa edad quizás hubiese sido bueno volver a ser apertura pero nunca tomé la decisión”, cuenta Kuta, un wing de alma. Y sus números lo avalan: tuvo más conquistas que partidos jugados en Los Pumas (24 en 23 cotejos). “Tenía muy buen nivel, era desequilibrante y marcaba la diferencia en la cancha. Un jugador de mucha velocidad y categoría, con una capacidad de anticipación, veía la jugada antes y desequilibraba con su lectura del juego. Mentalmente era un tipo muy rápido y eso con la habilidad y la velocidad lo hacían muy completo”, lo define Santiago Phelan, ex capitán de Jorge en la Academia. Allí están las camisetas de James Small (wing de Sudáfrica), Waisale Serevi (Fiji), Jason Little (Australia) o la Philippe Saint André (Francia), entre tantas. Souvenirs que ilustran una carrera tremenda para un jugador de igual categoría.

 

Por Juan Pablo Zenoni (@jpzenoni)
Fotos: Federico Castro Olivera
Para
www.aplenorugby.com.ar
 

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