SCRUM 5 / Notas
Vikingos cabuleros
Vikingos cabuleros
5/7/2013(A Pleno Rugby)
En Lanús sobran los rituales y las costumbres para generarse confianza en la previa a los partidos del equipo. Scrum 5 se reunió con Matías Cuesta y Federico Robustelli, dos de los más fieles exponentes, que revelan las suyas.

“Son costumbres que ya tenía de cuando era chico. Y que las fui conservando a través del tiempo”, contó alguna vez Carlos Salvador Bilardo. O mejor dicho, el doctor cábala. Algo similar sucede en Almeyra y Ferré, epicentro de un club cabulero por naturaleza. Por eso Scrum 5 convocó a Matías Cuesta y Federico Robustelli, dos de los que más celebran esos ritos con un claro objetivo: ganar.

“A los que juegan bien no les hace falta. A nosotros, los que somos ásperos, nos viene bárbaro para tener algo de donde agarrarnos”, reconoce capitán, mientras saborea una porción de cuatro quesos con fainá en la pizzería Tempo. “Somos demasiado cabuleros los dos. El año pasado desde la 8ª fecha de la primera fase hasta que terminó el torneo yo no me afeité la barba y él no se cortó el pelo. Pusimos una apuesta de por medio que era que si no la cumplía uno de los dos había que pagar un asado. Decíamos que era una apuesta nuestra pero en realidad era una cábala y no lo decíamos por cábala”, agrega el ala, con una de jamón y morrones de por medio.

-Surtió efecto porque lograron el ascenso.
-Matías Cuesta:
Es así. Cuando ascendimos con GEI, después de festejar agarramos las maquinitas y nos cortamos juntos en el vestuario. También tenemos otra nuestras que es ir a hacer lo segundo juntos al baño, uno al lado del otro, antes de cada partido (risas).
-Federico Robustelli: Todo lo que se hizo en la primera ronda se mantuvo. Yo todos los sábados a la mañana me tengo que comer cuatro turrones y tomarme un Gatorade rojo sí o sí. Me pasó de no conseguir en donde los compraba siempre y salir corriendo a otro lado, pero tenía que tener los turrones.
- Matías Cuesta: Nunca me cambié la ropa del partido durante la temporada, salvo la camiseta respetaba todo y mi vieja puteaba porque tenía que coserme las cosas.

-¿Les pasó de no cumplirlas y que les vaya mal?
-MC:
Antes de jugar contra Don Bosco en 2012, que perdimos ahí, me desaparece el casco que usaba siempre. Entonces saqué uno nuevo que tenía y Adrián Castro, otro cabulero al mango, me dice: “¿Qué haces sin tu casco? Jugá sin casco”. Después apareció el casco, lo tenía un pibe de infantiles que casi lo mato. Le dije: “Por tu culpa perdí” (risas).
-FR: A mi me pasó el año pasado que cuando no terminaba en cancha perdíamos el partido. Contra Monte Grande entré perdiendo en el segundo tiempo y ganamos. Con Delta no pude jugar y perdimos. Con Don Bosco nos sacaron a los dos cuando estaba chivo y perdimos.
-MC: Desde ahí no salimos más. Brullo y Ceraldi se dieron cuenta que esa era la clave (risas).

-¿Cábalas del equipo?
-FR:
Los jueves comemos en el club y respetamos los lugares sí o sí. Si alguien faltaba quedaba el hueco. Los entrenadores también, pero no te las cuentan ni en pedo.
-MC: Teníamos una fundamental de los jueves. Cuando tirábamos la última cancha, yo sacaba tres o cuatro turrones y les daba un pedazo a cada uno de los titulares del sábado. Y también había una que era la salida de los lunes al Konex, era una fija. Fuimos seis o siete meses seguidos y se transformó en un búnker.
-FR: Lunes que no se entrenaba, lunes que se salía. El año pasado fue tremendo, con Macha (Mauro Macchi) de estandarte y el Gato Mauro Magnaghi y Adrián Castro de laderos. Tienen hasta novias ahí adentro (risas).

Algunos las llaman excusas perfectas para los inseguros, la pizca extra de suerte que hace falta para que el nueve la meta, o real sonsera para los que no creen en ellas. Creer o reventar. Lo único cierto es que son experiencias realizadas por muchos en el contorno del mundo entero y que encuentran particularmente en los deportistas a los fieles perfectos. Para los Vikingos, es casi una forma de vida.


Por Juan Pablo Zenoni (@jpzenoni)
Fotos: A Pleno Rugby
Para
www.aplenorugby.com.ar 

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