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Con los mejores, el rugby crece en Brasil
Waisale Serevi (junto a Santiago Gómez Cora y Ben Gollings, entre otros) asoció su magia a HSBC y llevó su rugby a más de mil brasileros. Frankie Deges viajó hasta Río de Janeiro y te cuenta la movida.

El rugby en Brasil sigue creciendo. Los resultados no aparecen para Los Tupis, pero la cantidad de jugadores sí está en un movimiento ascendente y en cualquier curva de crecimiento, dirá quien maneja estadísticas, es clave que la base se agrande. El brasilero es deportista por naturaleza. Basta con caminar por cualquier playa en ese país para ver como con una pelota, una red, una raqueta o paleta, se arman verdaderos desafíos.

El rugby está lejos de ser la primera opción en los jóvenes brasileños, pero si el crecimiento sigue por el carril que lleva y con los Juegos Olímpicos como gran vidriera, se puede ser optimista. “El Comité Organizador de Río 2016 está muy contento con que el rugby ya haya confirmado a Brasil, tanto masculino y femenino, como equipos participantes,” me dice Mark Egan, el capo de Competencias y Rendimiento del International Rugby Board. Viene de visitar a Carlos Nuzman, el número uno del olimpismo en Brasil. Ahora estamos en el colegio Presidente Joao Goulart, en el punto más alto de Cantagalo, la roca que une Copacabana, Ipanema y la Lagoa Rodrigo de Freitas.

Las ventanas de las humildes casas en la favela de Cantagalo tienen la mejor vista de Río de Janeiro. Hay pobreza pero no miseria. Hay necesidades pero no necesitan matarse entre ellos para subsistir.

En Brasil, el banco HSBC junto a Serevi, una compañía armada alrededor del fabuloso ex jugador fijiano, lanzó una asociación para desarrollar el rugby a niveles iniciáticos. El IRB, aprovechando una semana de mucha actividad ovalada en el país, está apoyando a uno de sus auspiciantes – el HSBC Sevens Series es una de las joyas de la corona – y a un miembro de su Salón de la Fama.

“Compartimos con el IRB el espíritu de llevar el rugby a la mayor cantidad posible de gente,” explica Andrea de Vicentiis, un inglés de nombre bien italiano. Director de Planeamiento de Auspicios, con base en Londres, el ex centro del Norwich School, es un amante del rugby. Con el auspicio del HSBC Sevens Series, los British & Irish Lions y los torneos de Hong Kong y Dubai (esto en rugby, en polo por ejemplo manejan el Abierto en nuestro país), su trabajo genera cierta envidia.

“Estos eventos son muy reconfortantes ya que vemos como chicos que hasta hoy quizás no conocían el rugby se van felices por haber estado en contacto con un balón; asociarse con Serevi, con el IRB, venir a Brasil y trabajar con niños de las favelas mostrándoles el rugby es un placer. En el banco vemos el auspicio como una sociedad en la que tenemos que trabajar de la mano. Queremos generar que más y más gente conozca el rugby, poder ofrecerles la oportunidad de que se acerquen a un gran deporte.” Además de trabajar con niños, educaron a 50 entrenadores que recibieron su certificación IRB.

Para esto, organizarán sus HSBC Rugby Festivals powered by Serevi en la sede principal del banco en Hong Kong, en Nueva York y en probablemente en Australia. Están comprometidos a dos años como arranque. Serevi, el bi-campeón mundial de seven pero sobre todo ícono del rugby reducido, es la cara visible de una compañía formada en Seattle que se encarga de trabajar en el alto rendimiento del seven y en clínicas o festivales como los que harán con el HSBC.

Con una gigante sonrisa y el mismo físico que cuando jugaba, Serevi se divierte con cada uno de los chicos con los que entrena. No está solo: lo acompañan Santiago Gómez Cora y Ben Gollings, socios en el emprendimiento que comenzó junto al fijiano un multimillonario estadounidense al que le encantó lo que vio de Serevi en un torneo hace cuatro años. La empresa, ya de 30 empleados, está creciendo rápidamente sobre todo en Estados Unidos y estos festivales con el HSBC son un enorme espaldarazo.

“Me encanta estar con un balón de rugby, enseñar a los chicos que nada conocen del juego,” cuenta Serevi en la segunda actividad del primer día. En la icónica playa de Copacabana unos 80 chicos se acercaron de la mano de sus profesores o mentores a probar esto del rugby. Antes de arrancar, Ben Gollings les dice: “el rugby es para hacer amigos. Hace unos años yo jugaba contra Waisale y Santy, pero ahora somos amigos.”

Todos uniformados con remeras blancas, los chicos van y vienen entre conitos, intentan pasar la pelota no siempre con éxito pero sobre se ríen y divierten. Se caen en la arena y se levantan En el medio de esto, el grupo de Serevi que completan el Cuta Schusterman y el neozelandés Richie Walker, asistente del seleccionado de seven de Estados Unidos, ayuda a que con un par de indicaciones las cosas sean mas fáciles para los noveles rugbiers.

Schusterman, mundialista de seven en 2005 y Puma de Bronce, vivió en su infancia en Brasil y hasta fue entrenador de los Tupis 7s hasta el 2012. “En el Mundial de Seven 2005 me encaró Serevi y lo tenía enfocado para tacklear…nunca lo toqué,” dice con admiración esa noche en una mesa larga. Serevi lo escucha y se ríe. Parece un niño, inquieto, atento. No se nota que llegó esa mañana después de un largo periplo que lo llevó de Seattle a Washington a Atlanta a Río.

Los chicos no sabían quien era Serevi antes de llegar y se llevan una remera con su nombre y el logo del banco. La idea es que en un futuro vuelvan a acercarse al rugby. Si el ejemplo de este señor de un país del que nunca escucharon los trata tan bien, este juego está bueno, parece irse pensando.

Marcos Paixao, que a sus 21 años tiene mucho para agradecerle al rugby, entrena a chicos de Cantagalo (donde vive) y la Rozinha. “Antes, no te hablabas con gente de otra favela; con el rugby lo estamos cambiando. Los chicos ven que en el fútbol hay violencia, que se puede insultar al referí mientras que nosotros promovemos la amistad, el respeto, la solidaridad.” Paixao, que representó a Brasil en juveniles y seven, entrena a los chicos y el Río Rugby Club le paga por su tiempo; su familia está trabajando en la construcción de un hostel de un neozelandés que juega en el equipo. “Amo el rugby,” dice. “Me encantaría poder jugar en los Juegos Olímpicos.”

Paixao participó en las dos actividades de HSBC y Serevi en Río. Esa noche, invitados por los del RRC, los visitantes se acercaron a verlos entrenar bajo las luces de Ipanema. La idea es, dicen los organizadores de una movida que llevó el rugby a mas de mil chicos en cinco días, es que cuando vuelvan el año próximo, al rugby haya crecido aún mas. El año que viene, ojalá, se vean en las playas de Copacabana, Ipanema, Leblon y porqué no Sao Corrado, muchas pelotas de rugby…

Por Frankie Deges (desde Río de Janeiro, gentileza de HSBC)
Fotos: A Pleno Rugby
www.aplenorugby.com.ar 

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