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Por siempre Jonny
Por siempre Jonny
30/5/2014(A Pleno Rugby)
Pocos como el ex apertura inglés Jonny Wilkinson han elevado al rugby durante la era profesional. Campeón del Mundo y de Europa y un ejemplo en todo sentido, se retira en la final del Top 14. Frankie Deges repasa lo que fue la carrera de Wilko.

Cuando suene el último silbato en el repleto Stade de France el sábado, sin importar si gana su Toulon o el Castres, se habrá acabado la vida como jugador de una de las figuras icónicas del rugby profesional. Jonny Wilkinson apareció en la segunda temporada del rugby rentado, allá por 1997.

Desde chico siempre supo qué quería hacer y ser. Una frase del periodista Brendan Gallagher, quien supo escribir sus columnas para un diario inglés, lo describe brillantemente: “Nadie en la historia del rugby ha trabajado mas en su juego que Jonny Wilkinson; irónicamente, nadie se ha modificado menos como jugador.”
 
Ya de joven era intenso y pensaba en cada uno de los detalles. Su ética de trabajo no la aprendió de grande – ya de joven pateaba por horas y horas perfeccionando su técnica. Vivía por y para el rugby. Ese deseo de ser el mejor lo fue separando del resto desde muy temprana edad. De hecho, en los albores del profesionalismo, los jugadores mas experimentados veían esto de cobrar por jugar como un beneficio a sus largas carreras y no tanto como un estilo de vida.
 
A partir del ejemplo del joven Jonny, esto cambió primero en su único club inglés Newcastle y luego a nivel nacional a partir de su paso por el seleccionado inglés. Sin nada que demostrar y a 80 minutos de apagar su carrera, con 35 años muy bien vividos, sigue sin dejar nada librado al azar y su última semana como profesional trabajó incansablemente para ser el mejor. Castres lo separa de un cierre para Hollywood.
 
Su comienzo lo vio campeón cuando con Newcastle, con quienes debutó a los 17 años y fue campeón de la temporada 1997-98 de la Premiership (se jugaba por puntos, sin final). Como protegido del apertura Rob Andrew, se fue formando en el centro y a los 18 años tuvo su debut con Inglaterra – de wing, jugando unos minutos contra Irlanda. Al regreso del peor tour de la historia (un Inglaterra disminuido perdió tests en Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica), fue de los pocos que sobrevivió en el equipo de la Rosa.
 
Ya afianzado en el puesto de apertura jugó su primer Mundial pero el entrenador Clive Woodward dio un raro golpe de timón y Wilkinson vio desde el banco de suplentes como Jannie de Beer y sus cinco drops eliminaban a Argentina en cuartos de final. Ese dolor no quería volver a repetirlo y duplicó la apuesta.
 
Su cara de modelo, su buena predisposición y su enorme capacidad deportiva lo fueron convirtiendo en gran figura del rugby inglés. No fue hasta el siguiente Mundial que superó esa barrera que separa a los ídolos de los íconos. Sin dejar nada librado a la suerte, Inglaterra se preparó como nunca para esa Rugby World Cup, se acostumbró a ganarle de local y visitante a los tres grandes del Hemisferio Sur además de dominar el Seis Naciones.
 
Australia 2003 será siempre ese drop en el minuto 119 de una final que tuvo dos tiempos extras. La secuencia es inolvidable. Line a la cola para Moody en las 40 yardas australianas; Wilko que manda a Catt a chocar en el centro de la cancha; Dawson que pegado a la formación gana invaluables yardas. Como queda en el fondo de la formación, el gigante capitán Martin Johnson es el que ataca nuevamente sobre esa formación para darle tiempo al 9 para que tire el pase como el Negro Enrique a Maradona en México ’86 -
 
Una película para la que había ensayado toda su vida. Ubicado en zona, cuando le llegó la pelota, con su pierna menos favorable, clavo un derechazo que lo dio un lugar imborrable en el folclore e historia de Inglaterra.
 
Poco después de esa final – en la que yo había sido uno de los Jefes de Prensa – tuve el enorme privilegio de llevar en una mini-van a la conferencia de prensa en un edificio aledaño al estadio olímpico de Sydney al entrenador Woodward, un par de sus colaboradores, Johnson y Wilko. A todos les había cambiado la vida unos minutos antes, sobre todo al diez. Sin euforia y con satisfacción en la cara, hicimos el viaje de cinco minutos con la Webb Ellis Cup para enfrentar a la prensa del mundo. Jonny fue el que menos habló. Tímido, tan solo agradeció la felicitación con un apretón de manos y una tibia sonrisa y se fue a intentar contarle a los periodistas lo que acababa de hacer. Dice la leyenda que no se perdonaba haber errado un par de drops en el mismo partido, que le costó celebrar el título mundial y ser elegido el Mejor Jugador del Mundo la noche siguiente.
 
Su regreso al mundo real lo vio sufrir lesión tras lesión tras lesión. Tanto que se llegó a dudar de si podría volver al mas alto nivel. Se supo del sufrimiento mental que le generaba la enorme presión auto-infilingida. “Una espiral de la que no podía salir,” comentó luego. Tuvo que esperar 1169 días desde Sydney para volver a jugar un test-match.
 
Volvió a tiempo para que un seleccionado inglés bastante flojo llegara a la final del siguiente Mundial. Si le hubiera tocado a Los Pumas enfrentarlos en la semi, seguramente hubiese sido triunfo argentino. Tocó Sudáfrica y en una poco emotiva final la quitaron el cetro a los ingleses.
 
Volvieron las lesiones y la continuidad en el seleccionado se fraccionaba. “Necesitaba un cambio y venir a Toulon me lo dio,” explicó de su renacimiento deportivo y personal. Desde su desembarco en el sur francés no sufrió lesiones importantes, su juego recuperó el brillo y volvió a disfrutar de esa presión que lo estaba acosando en años anteriores. Pudo jugar su cuarto Mundial en el 2011 y luego sí, se retiró del rugby internacional. Después de 97 tests (seis fueron con los Lions) y romper múltiples records, atrás quedaron esas cuatro veces que enfrentó a Los Pumas y fue siempre verdugo con su pie. Con Inglaterra nunca perdió (2000, 2009 y 2011) y fue empate con los Lions – su penal en el minuto 94 selló el 25-25.
 
En Toulon ganó la Heineken Cup en los últimos dos años en un equipo de galácticos. Armaron un equipo, se relacionaron desde el juego y disfrutaron el jugar con y entre los mejores. Ahora le quedan horas de rugby profesional. Después quiere descansar los fines de semana. Si bien seguirá viviendo al lado del Mediterráneo y colaborando con Toulon, pidió no estar tan involucrado en los partidos. Difícil ya que solo sabe hacer las cosas al 100%.
 
En la final, la casaca roja del equipo que tiene a varios campeones mundiales (Ali Williams, Bryan Habana, Juan Smith, Bakkies Botha y Wilko) y al argentino Juan Martín Fernández Lobbe llevará la leyenda Merci Jonny. El mundo del rugby le debe un enorme Merci Jonny.

Por Frankie Deges
Fotos: ERC Rugby
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