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A fuego lento
A fuego lento
28/10/2015(A Pleno Rugby)
Daniel Hourcade es el gran padre de la exitosa campaña de Los Pumas en Rugby World Cup. Lo que pasó no es una explosión espontánea de talento sino el trabajo largo y enfocado del tucumano, de mucha otra gente y de la visión de la Unión Argentina de Rugby. El análisis de Frankie Deges.

Cuando Daniel Hourcade dijo el año pasado que el objetivo de Los Pumas era pelear por ganar la Copa Webb Ellis en Japón 2019, muchos tomaron eso como que había abandonado la posibilidad de ser competitivos en el Mundial 2015. Tal vez no explicó bien lo que quiso decir o no quisieron entenderlo. Yo estaba ese día en un hotel de Belgrano donde brindó una conferencia de prensa y entendí su planteo.

Difícilmente se pueda decir que el Huevo es un incomprendido. De hecho, la forma en que llevan a la práctica sus conceptos e ideas los jugadores deja claro que lo entienden. Al llegar al seleccionado mayor, después de pasar por todos los equipos nacionales (M19, M21, Seven, Argentina A, Jaguares, Pampas XV y además los seleccionados portugueses de 7s y 15s), quedó envuelto en una batalla que no era suya.
 
La asumió con coraje, como encara todo. No fueron momentos agradables ni para él ni para el rugby argentino; tomó decisiones y llegó a ser acusado de mentiroso en la tapa de la sección deportes del diario La Nación por Patricio Albacete. No la pasó bien, pero el objetivo lo tenía claro. Pocos saben que volvió a reunirse después de esto con el segunda línea de Toulouse buscando un camino de solución. El equipo por sobre todo es siempre el objetivo.
 
Su sueño recurrente era entrenar a Los Pumas así que tenía que seguir mirando para adelante mas allá de los obstáculos. Poner los huevos que caracterizan a los equipos que entrena.
 
El Huevo nació para ser coach. No sabía si le iba a tocar el turno de encabezar a Los Pumas. Después de un exitoso paso por Portugal y encarar un proyecto en el rugby profesional francés, todo se había desbarrancado por problemas presupuestarios en el club en el que estaba. Estando nuevamente en Portugal, recibió el llamado de la UAR que en la voz de Agustín Pichot lo invitaba a volver para encarar el proyecto Pampas XV.
 
Que la UAR pensara en él fue un golpe maestro, si bien nadie pensaba en aquel caluroso enero del 2010 lo que iría a pasar en octubre del 2015. Arriesgó Hourcade y arriesgó la UAR. El plantel de los Pampas XV ya había sido elegido; conocía pocos de los jugadores cuando se embarcaron hacia la primer Vodacom. En definitiva, entrenaba la intermedia de Los Pumas. Y la opción de la UAR era usar entrenadores propios para un proyecto que por novedoso no dejaba de ser atractivo.
 
En cierta medida, jugar la Vodacom Cup fue como hacer la colimba para jugadores y cuerpo técnico. Vivir en Potchefstrom como lo hicieron en el 2011 cuando salieron campeones puede llevar a la locura por lo aburrido. Algo se estaba gestando entre ellos. El entrenador y sus colaboradores buscaban maneras de mejorar el juego y no se quejaban de tanto viaje – sumó millas también viajando a Rusia, Georgia, Rumania, el oeste de Canadá mas de una vez.
 
Mientras tanto, Los Pumas estaban al mando de Tati Phelan y las cosas no funcionaban ni dentro ni fuera de la cancha. La agónica clasificación a cuartos de final le dio dos años mas al ex ala de Los Pumas cuando, mirando para atrás, lo ideal hubiera sido haberle agradecido los servicios y buscar otra opción. No; el Huevo no era opción entonces.
 
Siguió Phelan y el pozo se hizo mas grande aún jugando la mejor competencia del rugby mundial. En silencio, Hourcade, con el Aspirina Pérez, Emi Bergamaschi y el Bichi Bouza, seguía mejorando a los jugadores y plantando las semillas de un juego mas ambicioso. Cuando le llegó el turno fue por default. Tati se fue tan cerca de la gira a Europa que no había otras opciones que darle el puesto al que entrenaba la Inter.
 
Ahí fue cuando Hourcade afloró. No llegaron los resultados instantáneamente pero el trabajo de encantar a los jugadores comenzó. No fue sencillo; hubo planteos lógicos de parte de los veteranos; el cambio de capitanía de Corcho Fernández Lobbe a Agustín Creevy fue arriesgado. Funcionó cuando todos se alinearon detrás de un liderazgo positivo compartido entre el platense y el tucumano. Hoy, los mas viejos son los más fieles soldados.
 
Se llegó al Mundial con dos triunfos resonantes contra Australia y Francia en el 2014 y buscando un estilo de juego en el Rugby Championship. Hubo un anticipo en el inolvidable partido de Durban. Como en la previa se mezcló el plantel y se probaron combinaciones, hubo que esperar a llegar a Inglaterra para conocer el equipo titular del Huevo.
 
Se le dio espacio a los mas jóvenes, todos producto del plan de alto rendimiento que ya lleva seis años y que produjo tan buenos resultados que merece una columna aparte. Montoya, Noguera, Matera, Petti, Alemanno, Lavanini, Isa, Cordero, Moroni son la Sub 24, todos surgidos del plan. Cuando todo arrancó el 2 de febrero del 2009 en Pinazo estaban Creevy, Landajo, Senatore, Galarza y Chipi Figallo entre otros.
 
Al buen debut contra los All Blacks le siguieron muy buenas actuaciones en Kingsholm frente a Georgia y las dos de Leicester ante Tonga y Namibia. Lo importante aquí fue el concepto de juego, la idea que desarrollada en el campo de juego, tomo precedencia por sobre quienes jugaban.
 
Se notaba en el grupo una alegría de pertenecer, unas ganas de pasarla bien jugando al rugby en el más alto nivel y un hambre contagioso. Tuve la suerte de verlos antes de cada partido al llegar a los estadios y primaban las sonrisas de estar disfrutando el proceso. Un test-match, en un Mundial, puede ser tensionante. Con alegría se vive mejor.
 
Llegó el triunfo contra Irlanda en lo que podría ser una de las mejores actuaciones argentinas de todos los tiempos. Por como se empezó, por como se recuperó el equipo cuando se vino Irlanda y por como se terminó.
 
En el 2007, con el equipazo de entonces, en la semifinal eran punto y así fue, Sudáfrica les ganó con claridad. En el 2015, se llegó con ilusiones serias y concretas de ser finalista. Australia empezó mejor y hubo que remar en dulce de leche ante un rival implacable que, en el día, fue mejor. Con lágrimas y llantos de dolor, Los Pumas dejaron Twickenham sabiendo que había sido una oportunidad perdida; se fueron con lecciones aprendidas y habiendo dejado un sólido mensaje hacia el futuro.
 
Hay que convencerse de que se está mucho más cerca que lo que pretendía el Huevo cuando, hace poco mas de un año apuntaba que en el 2019 Los Pumas van a ser candidatos a ganar, por primera vez, la Webb Ellis Cup. Le creí aquella vez. Sigo creyéndole.

Por Frankie Deges
Fotos: Gaspafotos
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