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El rugby como medicina
El rugby como medicina
17/12/2015(A Pleno Rugby)
Cuando uno se contagia la enfermedad del rugby, es difícil curarse. En ocasión del Seven del Fin del Mundo, Fachi Facero Gutiérrez le contó a Frankie Deges su historia de vida y como el rugby ayudó a que se recupere de una seria lesión.

“No sé si me voy a acordar de esta charla,” me cuenta Fachi, sentado en el primer piso del Ushuaia Rugby Club mientras carga energías con un suculento plato de fideos. Abajo, con un frío casi polar – al menos para los visitantes – una nueva edición del Seven del Fin del Mundo está en pleno desarrollo.

Equipos de la isla de Tierra del Fuego vienen jugando este tradicional torneo que está a punto de cumplir 30 años de ininterrumpida vida. En un marco de belleza natural, con el espíritu combatiente de quienes se le anima a la ciudad más austral del mundo, el seven es una cita obligada del calendario.

Viajar a Ushuaia es siempre un placer, por la amistad que brindan los que tanto hacen por el rugby en un lugar tan alejado del resto del país. El torneo fluctúa según los equipos que puedan viajar o los jugadores que se invitan. El de este año fue tranquilo en ese sentido, dicen que están tomando envión para el gran torneo del 30 aniversario.

Agustín Facero Gutiérrez, Fachi para todos, tiene 20 años, barba y una sonrisa que le aparece a cada paso. Se ríe mucho, aún cuando cuenta su historia de vida y como el rugby la afectó. Acaba de jugar un rato con el bien llamado Equipo del Amor, una historia que también contaremos.

Acaba de terminar de jugar un partido y no es que Fachi se haya destacado, pero parado en un ingoal, mirando hacia los últimos estertores del eterno cordón montañoso de los Andes, con sus picos nevados, me cuentan su historia. Que después me vuelve a relatar el jugador.

“Hace dos años me había mudado a Buenos Aires para estudiar gastronomía. Empecé a jugar para la Menores de 18 de Liceo Naval y la estaba pasando muy bien. El primer fin de semana de septiembre jugamos contra Puey…ese es mi último recuerdo,” dice Fachi, ala u octavo en su mejor momento.

El miércoles 4 de septiembre del 2013 sufrió un ACV por una malformación arteriovenosa. Este tipo de hemorragias ocurre cuando las arterias cercanas al cerebro se conectan directamente con las venas cercanas sin tener los vasos normales entre ellos (¡gracias Google!). Se produce una ruptura y la sangre se escapa hacia el cerebro y los tejidos circundantes, reduciendo la circulación del cerebro.

Así como son raras estas malformaciones suelen ocurrir con mayor frecuencia en personas de 15 a 20 años. El destino indicó que Fachi sería uno de los afectados.

“Estuve dos meses en coma, entre natural y farmacológico. No me acuerdo nada de ese día ni de lo que vino después,” dice. “Fue gracias al padre de un amigo de rugby que me consiguieron un lugar en FLENI donde empecé la rehabilitación.”

Más allá de pelearse con la pre-paga, un clásico, el compromiso de la familia fue tal que se instalaron en Buenos Aires para acompañarlo. Los Facero tienen tres panaderías en Ushuaia que pasaron a un segundo plano durante un tiempo.

Fueron tres meses primero en el FLENI de Belgrano y en total completó casi un año y medio de recuperación en Escobar, con enorme esfuerzo.

Algo tenía claro: quería volver a jugar al rugby y para eso tenía que aprender a caminar primero, después trotar y finalmente correr. No era fácil – tanto tiempo postrado y luego en silla de ruedas – “había perdido todos los músculos. Pero tenía mucha motivación. Pesaba 80 kilos antes del accidente y ¡llegué a pesar 55!”

Había empezado a jugar al rugby a los trece años en el Ushuaia Rugby Club, el club más tradicional de la Isla de Tierra del Fuego, a la vera del río Pipo y al mudarse a Buenos Aires no estaba en duda que seguiría jugando y así lo hizo en el club que está a sobre un Río de la Plata muchísimo más ancho que el Pipo que a la altura del club más viejo de la ciudad es poco más que un caudaloso arroyo.

Con enorme esfuerzo dio el primer paso, luego su primera caminata y así sucesivamente a medida que mejoraba su condición. No quedó perfecto pero son pocas las secuelas físicas. “Solo pensaba en que quería volver a jugar al rugby,” insiste al admitir que las secuelas cognitivas están en la memoria reciente. Si bien tiene una leve lentitud al hablar, si uno no supiera por lo que ha pasado, sería tan solo una pequeña tartamudez. De cómo estaba a donde está, es el día y la noche.

Lo que no puede es jugar al rugby competitivamente porque para descomprimir la presión que tenía en su cerebro, mientras estaba en coma tuvieron que abrirle el cráneo y hoy tiene una placa de cerámica. Si bien no es el tipo de cerámica que se usa para una taza de café, según nos cuenta riéndose, tiene que cuidar su cabeza. Por eso usa casco en una cancha.

“Volví a la isla hace casi un año y al principio iba a ver los entrenamientos, después me prendía un poco. La verdad es que no puedo jugar al rugby de quince, pero al seven me animo.”

Por eso, el célebre Seven del Fin del Mundo llega en el momento justo para él. “Hay mucho menos sevens que partidos de quince así que me encanta. Crecí viéndolo y queriendo jugarlo.”

Sus amigos de El Equipo del Amor lo cuidan, lo miman, se ríen con él. “Teníamos mucha pica con los chicos del Colegio del Sur y nos peleábamos todo el tiempo cuando éramos más chicos. Donde nos encontrábamos había rosca. Hasta que nos habló uno de nuestros entrenadores del amor…hoy no nos peleamos y en nuestro equipo hay mucho amorrrrrrr…” Si, al estirar la erre se ríe al contar el porqué del nombre del equipo de amigos, todos del Ushuaia Rugby Club.

Perder la semifinal contra ese mismo Colegio del Sur contra el que se peleaba no parece importarle. Volvió a jugar al rugby a su manera, con su ritmo, pero rodeado del amor de sus amigos. Está trabajando en una cocina y planea volver a Buenos Aires a retomar sus estudios. ¿El rugby? El tiempo dirá, pero lo tiene muy metido en la piel así que seguramente se lo siga viendo en una cancha de rugby.

Por Frankie Deges
Fotos: A Pleno Rugby
www.aplenorugby.com.ar 

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