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Tres hookers, una misma pasión
27/8/2018(A Pleno Rugby)
Mientras Agustín Creevy volvió a romperla en Mendoza, Mario Ledesma tuvo su primer triunfo como entrenador de Los Pumas y Federico Méndez se dio el gusto de festejar en las tribunas. Una trilogía de hookers perfecta que, según la mirada de Frankie Deges, fue un lujo para el rugby argentino. “Mendoza nos calza perfecto”. “El equipo demostró su garra”. El increíble Kremer.
Entre las miles de postales que quedaron de lo que fue un gran triunfo Puma en Mendoza, hay una que marca la fortuna que ha tenido el rugby argentino en las últimas tres décadas. Abrazados en el vestuario, tras una nueva victoria ante los Springboks, aparecen Mario Ledesma, Agustín Creevy y Fede Méndez; un claro recordatorio del altísimo nivel que ha tenido la camiseta número dos de Los Pumas desde 1994 a la fecha.



Si bien ninguna nació como hooker natural, el trío comparte el hecho de haberse cambiado de puesto para poder ofrecer lo mejor de ellos en el rugby internacional. El mendocino y el actual coach de Los Pumas compartieron más de un lustro juntos, en tanto que Creevy fue el aprendiz de Ledesma en su inicio como hooker.

No vamos a decir que los tres son grandes amigos, ni mucho menos. Competir por un puesto en el seleccionado no es sencillo y hay historias de cómo Méndez y Ledesma se sacaban chispas en la búsqueda de un lugar en la formación inicial.

Méndez viajó a su primera gira con Los Pumas pidiendo permiso en el colegio, ya que tenía tan solo 18 años. Una combinación de factores – la expulsión del Moscro Lonardi en el arranque de esa gira en 1990 y el propio hambre del juvenil – lo llevaron a debutar en una gira que fue claramente fracaso. El pilar derecho mendocino se hizo famoso en el cierre de ese viaje cuando derribó al gigante Paul Ackford frente a Inglaterra. Esa trompada le valió la expulsión y lo puso en un lugar de reconocimiento internacional.

Podría haberse quedado en anécdota, pero no. Creció físicamente, creció como jugador y fue titular en la primera línea hasta que en 1994, con la Chancha Corral y Pato Noriega a mano, Tito Fernández lo pasó de hooker y esa primera línea, aunque jugó poco, fue inolvidable, muy celebrada en un Mundial 1995 sin ninguna alegría.

Se fue en 1996 a Sudáfrica y ese año, Ledesma, que había sido Pumita como tercera línea y era un destacado jugador del rugby de Buenos Aires fue movido a hooker, en un experimento que pocos creían funcionaría. Debutó en la posición en un Mundial Universitario en Sudáfrica en el mismo momento que Méndez era estrella de la Currie Cup con Natal.

No estando disponible para la gira a Inglaterra porque se estaba mudando a Bath, Ledesma fue suplente de Carlos Promanzio. En 1997, en la serie con Inglaterra, Méndez se lesionó y para el fin de la gira a Nueva Zelanda, Ledesma había entrado en Los Pumas.

El Mundial de 1999 fue un momento de gran éxito para un Ledesma ya consolidado en Los Pumas, elegido el mejor hooker del torneo en que Los Pumas fueron quintos. Una rotura del tendón de Aquiles jugando una tocata en el Mendoza RC, dejó a Méndez afuera y el segundo hooker fue Agustín Canalda, de Newman.

En el regreso al alto nivel, la lucha entre Méndez y Ledesma sacó lo mejor de cada uno y llegó a su pico máximo en RWC 2003 cuando Ledesma pareció finalmente quedarse por mérito propio del puesto en el debut contra Australia. Una noche difícil con el line lo terminó relegando al banco y Méndez cantó las hurras al finalizar, perdiendo con Irlanda, en Adelaide.

Hubo un breve regreso a Los Pumas en 2005 para un partido con los British & Irish Lions en Cardiff en el que fue el pilar derecha de una primera línea que completaron Ledesma y Mauro Reggiardo. Ese mismo año, Creevy era el 7 de unos Pumitas M21 que jugaban el Mundial en Mendoza.

Tras languidecer en la tercera línea, jugando en el Biarritz y quedando fuera del radar de Los Pumas, el de San Luis volvió a su casa y cambió de puesto. Rápidamente se convirtió en el segundo de Ledesma que se retiraría ante los All Blacks en Eden Park. Esa noche de despedida en RWC 2011, el paso de mando fue, justamente, a Creevy.

Sin la competencia de Ledesma a la vista, todo indicada que el picante hooker se adueñaría del puesto, pero una lesión justo antes del primer Rugby Championship lo relegó detrás del también mendocino Eusebio Guiñazú durante dos largos años.

La salida de Tati Phelan y el ingreso del Huevo Hourcade le dieron no solo la camiseta número 2 sino que también la capitanía. Tomó un vuelo increíble y semana tras semana muestra que es clave no solo en Pumas sino que en Jaguares.

Tras compartir club en Francia, primero como jugadores y luego como entrenador-jugador, volvió a unirse con Ledesma en Jaguares primero y ahora Pumas. Siguen sacándose lo mejor de uno y otro en una relación que no es de amistad pero sí de trabajo claro, consciente, profesional.

Hablar de la capacidad de Creevy es repetitivo ya que esta columna viene destacándolo hace tiempo. Si bien no podemos decir que es el mejor del mundo, en Mendoza le ganó el duelo a Malcolm Marx, quien muchos creemos es el mejor en la actualidad. Cuando Creevy juega como lo hizo, el contagio es gigante.

Ledesma combinaba el juego abierto del tercera línea que había sido con la fiereza y la lucha necesaria para el puesto de primera línea mientras que Méndez debe haber sido un tercera línea frustrado por lo que le gustaba jugar con el balón en mano. Si enorme tamaño lo hacía sólido y difícil en la primera línea.

Lesionado Julián Montoya, quien cuando se retire Creevy (¿después del Mundial?) será quien continúe esta fantástica tradición de hookers de clase mundial, Ledesma tuvo en plantel a Facundo Bosch, de quien habló muy bien.

El triunfo en Sudáfrica ratifica que el cambio de timón en Los Pumas ya está generando beneficios. Ledesma y Creevy mostraron lo que pueden ser unos renovados Pumas. Esa foto en el victorioso vestuario Puma cuenta la historia de un puesto en el que el seleccionado argentino ha tenido el lujo de tener jugadores de real clase mundial. 
Por: Frankie Deges
Foto: UAR
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