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¡Súper héroes!
6/7/2019(A Pleno Rugby)
No pudo ser para Jaguares en la final del Súper Rugby ante uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Frankie Deges comparte sus sensaciones después de la primera final para la franquicia argentina. Mirá también >> ¡Con la frente en alto! Además >> Videos: Matera, Man Of The Match¡Moroni se lo perdió por poco!.
Llegar a Christchurch con alguna ilusión real de ganar no es sencillo. Los Crusaders, los más campeones del Súper Rugby, convirtieron su ciudad en una fortaleza casi inexpugnable. Tanto que al comenzar el partido, llevaban 30 encuentros sin perder en su estadio.



Todo estaba en contra de Jaguares: el largo viaje, el jet-lag, su primera final, jugar contra el mejor equipo del mundo después de los All Blacks.

Pero todo esto también sirvió para llegar con mayor calma al partido más importante de la corta historia de una franquicia que desde su inicio solo dio pasos para adelante.

No pudo ser y hay tanto insuficiencias propias como del enorme desempeño del, a la postre, campeón.

No se le puede achacar nada a Jaguares. En un mundo que constantemente busca héroes o historias heróicas, lo de este equipo bien puede encuadrarse en esto. Fueron Súper Héroes aún en la derrota. Las lágrimas de cada uno de los jugadores argentinos fueron reflejo de esto.

Desde el arranque, Crusaders quiso hacerse dueño del partido, pero los implacables tackles de una defensa sólida y clara, que redujo los espacios al mínimo, complicó los pocos ataques claros de un equipo que aún así siempre pareció tener un segundo más para pensar y llevar adelante su juego.

Fue, de hecho, un try contra natura el único del partido cuando a Tito Díaz Bonilla no le llegó el apoyo y en el contacto el pegajoso Matt Todd (la fábrica de sietes en Nueva Zelanda trabaja con materia prima de la mejor calidad) le robó la pelota; Kieran Read pasó del piso en un perfecto único movimiento, el genial Sam Whitelock corrió como wing pegado al touch izquierdo y en apoyo llegó el hooker Codie Taylor. Sencillo. Doloroso. Claro. Contundente.

Jaguares tuvo su primera chance cuando pareció que Tute Moroni, que siempre se buscó trabajo, llegaba al try. La perdió en la puerta del ingoal cuando por merecimiento, merecía su try el equipo de Gonzalo Quesada.

El cierre trajo ese penal del apertura Richie Mounga que estiró a siete una diferencia que no fue tal en el primer tiempo.

La presencia escénica de Crusaders es impresionante. Jaguares salió a jugar el segundo tiempo con el hambre del desafiante y rápidamente Moroni tiró un sombrerito perfecto que no terminó en try por centímetros. Puntos que no se sumaron que a la postre lastiman en el tanteador, pero también en cómo quiere jugar el equipo.

Sabiéndose superior, Crusaders esperó el juego Jaguar y con una defensa precisa también se hizo fuerte. Casi llega al try con una jugada tan buena como sencilla – en vez de ir al touch, la jugó con los forwards que estaban todos listos – pero cuando se vio dificultada la posibilidad de sumar de a cinco o siete, Whitelock optó por sumar de a tres. Hubo cuatro penales de Mounga.

El banco de Jaguares trajo opciones de piernas y mentes frescas en algunos puestos, pero la montaña a escalar ya era grande a medida que los minutos pasaban. Y por el ritmo vertiginoso parecía que el partido se jugaba en fast-forward (para los que venimos de la época del cassette entenderán mejor el concepto).

Jaguares nunca arrugó. Quiso siempre, buscó siempre, fue siempre. También defendió siempre. Contra cualquier otro equipo, probablemente el resultado hubiera sido otro, pero quedó claro que estaban jugando los dos mejores equipos de la temporada y en ese sentido, uno fue mejor que el otro. Fue mejor que el resto a lo largo del año. De los últimos tres años.

Claramente, Jaguares mereció un poco más en una final bien jugada, bien planteada con algunos mínimos errores de concreción que tuvieron un impacto enorme en el tanteador. Al pasar los minutos y no poder sumar, se hizo cada vez más difícil todo. No fue. Se perdió ante los mejores.

A empezar de nuevo

Termina una temporada inolvidable para la franquicia argentina. Se ganó mucho y se jugó más. Hubo crecimiento en todos los aspectos, tanto de juego como de cabeza. Así se llegó a la final de manera muy merecida.

No quedaron dudas de que fue el segundo mejor equipo de un torneo único.

El domingo a la tarde, con el dolor de la final perdida pero con la satisfacción de una temporada exitosa, Ezeiza recibirá a unos jugadores que rápidamente deberán recuperarse para, a partir del viernes, cambiar el chip y ser Pumas.

Los esperará Mario Ledesma, que estuvo en Christchurch, para, sin el merecido y necesario descanso, empezar a pensar en All Blacks, el Rugby Championship y el Mundial.

La continuidad del rugby profesional es un constante desafío para el físico y la cabeza. Vertiginosa temporada.

De como se recuperen y se adapten a dejar de ser Jaguares para ser Pumas será la base del éxito de la segunda parte del año que ya está encima de todos.

Terminó una etapa única. No diremos irrepetible porque cada año se renuevan las ilusiones. Ya no estarán Pablo Matera, enorme el partido despedida del ala coronado con el Man of the Match, ni Tomás Lavannini. Vendrán algunos de los Pumitas 2019, dejarán otros, comenzará todo de nuevo.

Lo aprendido en una temporada inolvidable servirá ciertamente para que el rugby argentino siga creciendo.
Por: Frankie Deges
Foto: Jaguares
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