ESPECIALES / Las columnas de Búsico
El daño está hecho
9/2/2021(A Pleno Rugby)
La decisión de la UAR de romper el contrato con Ceibos, no podría haber sido más inoportuna. En medio de una crisis social y económica que produce la pandemia, si la Unión necesitaba de un aporte privado era ahora. Escribe Jorge Búsico, en una nueva entrega para A Pleno Rugby.

La exposición pública y jurídica que está generando la ruptura del efímero vínculo que la UAR estableció con un privado para conformar un equipo deportivo, no podía ser más inoportuna.

 
En un momento en el cual el rugby argentino todavía sufre las esquirlas del asesinato en Villa Gesell y del affaire de los tweets, pero sobre todo en medio de la crisis social y económica que produce la pandemia, es corrosivo que un empresario ande diciendo en los medios que sus abogados se van a hacer un pic-nic con una demanda que, de prosperar, hará mucho más daño del que ya, de hecho, está provocando.
 
Ceibos, el equipo que participó el año pasado de la primera edición de la Super Liga Americana (SLAR), duró sólo dos partidos. La pandemia hizo gran parte de la destrucción, pero antes y después hubo varios cortocircuitos entre Fernando Riccomi, el dueño de la franquicia, y la Unión Argentina de Rugby (UAR).

Nunca se supo quién mandaba y hoy, con el conflicto en llamas, se acusan mutuamente de no respetar cláusulas del contrato confidencial que firmaron en 2019. Si bien la experiencia fue muy corta como para poder hacer un análisis serio y profundo, no sorprende que haya terminado de esta manera: mal y en los tribunales. 

Más allá de lo legal, hay algunas cuestiones difíciles de entender acerca de los caminos que tomó la UAR en esta aventura. La SLAR llegó en un momento de bonanza: una cartera de patrocinantes que ningún otro deporte exhibía en el país, un suculento contrato con la televisión, el win-win que generaba económicamente el Super Rugby, las academias de alto rendimiento funcionando a pleno y el éxito deportivo de Jaguares, alcanzando la final del SR.
 
El torneo regional no demandaba gran exigencia, 10 partidos para ser campeón, y la UAR disponía de un grupo de jugadores rentados o becados, más el staff, para poder afrontarlo. Sin embargo, para acortar costos, tomó una decisión inédita en sus más de 120 años: asociarse con un privado para armar un equipo.

Riccomi, exitoso empresario rosarino en varios rubros, se presentó a la licitación y la ganó luego de conseguir el aval de la Unión de Córdoba. Así nació Ceibos, el equipo que iban a integrar los que antes jugaban en Argentina XV.

En ese camino, la UAR, que ahora no tiene aquella cartera de anunciantes, ni los millones de la TV, ni Super Rugby, ni Jaguares y con las academias achicándose en personal y gastos, eligió afrontar por su cuenta la SLAR. Con Jaguares XV, porque se trata de una franquicia y no de un seleccionado. A simple vista, si necesitaba un aporte privado era ahora, no antes de la pandemia.

Un ejemplo: la Unión de Nueva Zelanda está analizando ceder un 15% al grupo inversor norteamericano Silver Lake. “El rugby profesional está en peligro”, dijo Sean Fitzpatrick, gloria All Black que viene trabajando desde hace años en distintas estructuras profesionales en Inglaterra.

La UAR anunció en su momento la firma del contrato con Riccomi con una un escueto comunicado junto a una foto de tres dirigentes y el empresario dándose la mano. Ahora, en un par de párrafos, informó que lo rescindía. Es la forma que tiene la UAR de comunicar: no comunicar. Ni siquiera hubo una explicación del camino que tomó primero ni del que tomó después.

Desde el aspecto legal, la UAR peleará y quizá se defienda de la demanda, lo que impediría un costo mayor desde lo económico. Si la moneda cae del lado de Riccomi, entonces lo tendrán que afrontar futuras administraciones. Pero más allá de ese partido que ya se juega en otra cancha, el daño está hecho.        
Por: Jorge Búsico
Foto: Ceibos y UAR
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