ESPECIALES / Las columnas de Búsico
Sin scrum, no es el juego que conocemos
2/3/2021(A Pleno Rugby)
La decisión de la UAR de jugar el scrum sin oposición en una primera instancia en la vuelta a los partidos, generó polémica entre jugadores y clubes. Lo analiza Jorge Búsico, desde su columna en A Pleno Rugby. Mirá también >> "Es un papelón". Además >> Las columnas de Búsico.

El scrum se ha vuelto la manta corta del rugby argentino. La expresión la inmortalizó el brasileño Tim, entrenador de aquel equipo Los Matadores de San Lorenzo, quien decía que el fútbol era como una manta corta: “si te tapás la cabeza, te descubrís los pies, si te tapás los pies, te descubrís la cabeza”.

En el caso que nos ocupa, se empujó tanto para un lado que aparecieron las lesiones, y cuando se empezó a prevenir se empujó tan poco que dejó de ser un scrum tal como se lo conoció siempre. Ahora, directamente se le quitó la manta; quedó desnudo, al menos por un tiempo.

 
Lo cierto es que ya se llevan años en el ámbito doméstico sin que todos los actores se pongan de acuerdo sobre la manera en la que debe jugarse la formación más emblemática del rugby Union. Todos coinciden en que lo primordial es evitar las lesiones, pero cuando se avanza en ese sentido hay quejas porque se retrasa en lo otro.

El rugby no está exento del clima argentino donde todo se cuestiona y todo se desconfía, producto de un viento que sopla desde los distintos poderes. Se escuchan voces con múltiples opiniones sobre el scrum y, por otro lado, hay una sensación de absoluto descreimiento de cualquier resolución que toma la UAR. Sobre esto último, por ejemplo, se sospecha que la UAR quiere que no haya más scrum, supuestamente porque es una línea que se baja desde la World Rugby. Nada de esto parece ser así.
 
Desde afuera y sin los conocimientos que tienen los verdaderos especialistas, se percibe que la decisión de no disputar el scrum en las primeras fechas –que sea tira y saca- es razonable teniendo en cuenta que en el país se lleva más de un año sin competencias. Siempre lo vital es que no haya lesiones, pero sobre todo en estos tiempos en los que al rugby se lo mira con lupa. El plan era ir gradualmente, con una etapa intermedia de mantener el primer y brusco cambio que se hizo con el fijo: empujar no más de un metro y medio. Y, después, ya retornar al scrum tradicional. La comunicación de la UAR a las Uniones generó chispazos no bien empezó a circular a través de redes de whatsapp.
 
Los primeras líneas estallaron. Se leyó y se escuchó: “Vergüenza”, “Papelón”, “Despedimos al scrum”, “Se terminó este deporte”, “El fin del rugby Union”, “Pasamos a ser el rugby League”. Fue como encontrar una aguja en un pajar rescatar a alguien fuera de la UAR que estuviese de acuerdo con lo determinado.

Para contribuir más a la confusión y al desacuerdo, la UAR informa –como suele informar la UAR: mal- que este nuevo reglamento para la vuelta al juego fue consensuado con todas las Uniones y con un equipo de especialistas, en el que está nada menos que Mario Ledesma, entrenador de los Pumas y máster en scrum. Pero inmediatamente la Unión de Tucumán aclaró que no sólo no estaba al tanto de lo decidido, sino que está absolutamente en contra. Tampoco salió alguien a expresar “estamos de acuerdo”.
 
Al scrum en la Argentina se lo ha llevado a tales extremos que casi lo transformaron en otro deporte dentro del rugby. Fue desde la década de 1970 hasta comienzos de este siglo una marca registrada y distintiva en el mundo; los Pumas dominaban a sus rivales desde el fijo y, por otro lado, los primeras líneas eran los más buscados para reforzar a clubes extranjeros; incluso a seleccionados.
 
También significó un tema de innumerables discusiones, de enfrentamientos, de fundamentalismos. Cuando empezaron a conocerse y a dispararse las lesiones graves producidas durante la disputa del scrum, se entró en un terreno doloroso. Pero no cesaron las fallas que comprenden a entrenadores y referees, las mañas de los primeras líneas que no ayudan, ni las discusiones. Hasta que ocurrió la desgracia de Jerónimo Bello, y entonces se armaron comisiones y se dispusieron cambios, como el del empuje de no más de un metro y medio. El scrum perdió vigor y eso se trasladó a los Pumas. La manta corta.

Hay dos cuestiones que son indiscutibles. Una, que el scrum disputado como se debe no genera lesiones. Dos, que sin scrum no es el juego del rugby que todos conocemos.
 
En el fragor de la discusión por el scrum se traspapeló que el rugby doméstico volverá sin tercer tiempo, sin vestuarios, sin gente, sin almuerzos, sin familiares ni amigos, con los planteles superiores divididos. O sea, llegarán, jugarán y se irán. Tampoco se parecerá al rugby que conocemos. Porque, vale aclararlo, seguimos en pandemia. Pero la UAR respondió al pedido generalizado de “queremos jugar”. Aparece entonces la misma figura: la manta corta. 
Por: Jorge Búsico
Foto: A Pleno Rugby
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