ESPECIALES / Los especiales de Alejo
Inolvidable
27/7/2018(A Pleno Rugby)
El Mundial de Seven en San Francisco superó las expectativas en cuanto a calidad de juego, entorno y espectacularidad. Una disciplina que crece y en la que la Argentina es protagonista y todavía puede escalar más alto. Balance de un fin de semana para la historia. Mirá también >> Los Especiales de Alejo
Quienes tuvimos la suerte de asistir al Mundial de Seven en San Francisco fuimos partícipes de un gran acontecimiento. De principio a fin, el certamen fue un evento espectacular, sinónimo de show tanto en la cancha como en las tribunas, tal la característica intrínseca de esta modalidad. Una disciplina que desde que se ha convertido en deporte olímpico no para de crecer, y que en el AT&T Stadium dio un nuevo paso gigante en su progreso.



Por si fuera poco, acompañado por una gran actuación de los Pumas 7s, lo que hizo que la estadía en la bahía fuera más disfrutable aún. Nueva Zelanda dominó en varones y mujeres y Fiji decepcionó. Queda por parte de World Rugby plantearse los límites de hasta dónde está dispuesta a sacrificar su reputación en pos del espectáculo por el espectáculo mismo a partir de la laxitud de sus restricciones para con los jugadores nacionalizados.

Rompió el molde

Si existía alguna duda respecto al suceso de la competencia, rápidamente quedaron eclipsadas en el primer día de competencia. Hacer el Mundial en un país que está fuera del epicentro del rugby mundial como Estados Unidos, en un estadio de béisbol, con los Juegos Olímpicos y el Circuito Mundial haciendo sombra, era todo un riesgo.

Sin embargo, desde el primer día se observó que el certamen sería un éxito. Un día de semana y sin muchas cosas en juego (excepto porque era sistema de eliminación directa), hubo alrededor de 30.000 espectadores a lo largo del viernes.

Al final, el certamen cumplió con todas las expectativas, tanto en lo que se refiere a la respuesta del público como en el espectáculo que se vio adentro de la cancha, con partidos de altísimo nivel técnico y enorme contenido de dramatismo, sorpresas y una paridad en general que dan cuenta del desarrollo global del seven.

Multiétnico

En el seven, el aporte del público es fundamental para complementar lo que sucede dentro de los límites del campo de juego. Y el AT&T Stadium se prestó a la perfección para generar el marco adecuado. La capacidad que tienen los norteamericanos para generar espectáculo alrededor de un evento deportivo se combinó a la perfección con el colorido que aportaron los miles de turistas que llegaron hasta este extremo occidental del globo.

Las 28 nacionalidades (entre hombres y mujeres) estuvieron representadas en las tribunas, todos mezclados y conformando un collage único en el mundo del deporte. Gran parte de los más de 100.000 espectadores hubo en los tres días de acción disfrazados, generando un ambiente único.

Una mención especial para los fijianos, que tienen a su equipo de seven como ídolos nacionales (más que el 15) y lo siguen a todas partes. Fueron mayoría en San Francisco y se hicieron sentir con su aliento y notar con sus trajes típicos.



Los Pumas, a la altura

Los Pumas 7s llegaron con algunas incógnitas luego de una temporada irregular. Los tres podios hacían creer que se podía llegar lejos, pero el mal cierre de año y la juventud del equipo generaban algún resquemor. Al final, el 5° puesto resultó un premio merecido al trabajo de todo el equipo, que refleja la situación del seven argentino.

Excepto por la derrota ante Fiji, donde más allá del resultado el equipo no pudo hacer pie en su juego, se trató de una actuación magnífica. En las restantes tres victorias (Canadá, Francia y Estados Unidos), la Argentina demostró que cuando se aferra al plan de juego es muy peligrosa y tiene elementos para ejecutarlo con eficacia y desequilibrar.

La goleada ante los locales en el partido por el 5° puesto fue el broche a un gran fin de semana, que premia el trabajo y la entrega de todo el grupo a lo largo del año, la sapiencia del entrenador Santiago Gómez Cora y la capacidad individual de cada uno de los integrantes.

De otro lado, si la Argentina quiere transformarse en potencia debe superar su realidad de tener que reinventar el equipo cada cuatro años. La mayor sangría ocurre por jugadores que migran hacia el 15, ya que es la mejor plataforma de desarrollo. Para ello, es necesario crear una mejor estructura de desarrollo en el propio rugby de 15.

Dominio total

Nueva Zelanda se consagró en varones y mujeres, ratificando su predominio en el rugby a nivel mundial tanto en el seven como en el 15. Entre las damas, ratificaron su favoritismo y se tomaron revancha de la caída en los Juegos Olímpicos a manos de Australia, ganando con amplitud y sin sufrir sobresaltos.

Entre los varones, se impusieron en una final inesperada, que no contó con los favoritos del Circuito como Fiji y Sudáfrica, que se quedaron en semifinales. El partido entre los All Blacks y los fijianos con el pase a la final en juego fue el mejor de la competencia, que tuvo varios puntos altos.

Por ejemplo, el propio éxito exigido de Nueva Zelanda ante Francia (12-7) en cuartos, la victoria de Escocia ante Kenia 31-26 tras ir perdiendo 26-0, el triunfo de Inglaterra ante Estados Unidos en tiempo suplementario o la victoria de Irlanda ante Chile en la última jugada.

Gran actuación de los chilenos, que volvieron al Mundial tras 17 años (Mar del Plata 2001, su única actuación previa) y se quedaron con el Bowl, con tres victorias y una derrota.

Para destacar, también, el crecimiento del rugby femenino, cada vez con mayor nivel de competitividad y buen nivel de juego.

No a cualquier precio

La única mancha negra que tuvo el certamen quedó evidenciada en el partido que tuvo 13 jugadores de la misma nacionalidad. Japón presentó un equipo con mayoría de fijianos, y así enfrentó a los campeones olímpicos. Nada se le puede decir a Japón, que actuó dentro de los reglamentos que permiten nacionalizar a cualquier jugador con tres años de residencia. Y Japón es paradigmático, pero no el único caso.

Cabe, en cambio, cuestionar a World Rugby por la laxitud de esta medida, que es un flagelo también en el rugby de 15. Si el seven es espectáculo, si se pretende extenderlo en el mundo y darles posibilidades a naciones que no tienen la misma chance en el 15 (Kenia, por ejemplo), si se pretende que además sea redituable económicamente, perfecto. Pero no al precio de desvirtuar la esencia de un Mundial, en el que se supone cada equipo representa a un país.

Otro aspecto a corregir es el formato de competencia con eliminación directa desde el primer partido. Puede resultar excitante para el público, como esgrimió el CEO de WR Brett Gosper, pero condiciona de antemano la suerte de los que no son favoritos. La Argentina fue una de las víctimas.
Por: Alejo Miranda
Foto: UAR
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