ESPECIALES / Los especiales de Alejo
Sería auspicioso repetir acciones como la vivida el último jueves en Mendoza cuando cientos de hinchas se acercaron al hotel del seleccionado para conseguir autógrafos y sacarse fotos, para naturalizar el vínculo de los jugadores con la gente más allá de la obligación profesional. Sección Especial >> Los especiales de Alejo.
A la salida del Kings Park Stadium de Durban, tras el partido entre Springboks y Pumas por la primera fecha del Rugby Championship 2018, los jugadores sudafricanos debieron atravesar unos 100 metros que distanciaban la puerta del vestuario con el ómnibus que los devolvería al hotel. No tenían un acceso exclusivo, ni mucho menos: caminaban por las adyacencias del estadio como cualquier persona. Los numerosos hinchas locales que se habían quedado comiendo o recorriendo el estadio 90 minutos después del pitazo final aprovecharon para pedir autógrafos y sacarse fotos con sus ídolos, algo a lo que éstos accedieron con una sonrisa.



Una escena similar se vivió ayer en Mendoza. Debido a lo cansador del viaje de regreso a la Argentina, los Pumas debieron cambiar el habitual esquema de entrenamiento y suspendieron el ensayo del jueves, que iba a ser a puertas abiertas en el club Liceo. Esto provocó el descontento de muchos fanáticos mendocinos que esperaban ver a sus ídolos de cerca como ocurre una vez por año. Una medida de fuerza mayor entendible, que la UAR compensó con la atinada decisión de permitir que los hinchas se acercaran al hotel de los Pumas a sacarse fotos y pedir autógrafos.

Lo que se vivió durante una hora (estaba previsto que fueran 30 minutos) fue muy lindo, y digno de repetirse. Cientos de fanáticos fueron hasta el Intercontinental y, con un pequeño gesto de los jugadores, se llevaron un recuerdo que guardarán para siempre. Estuvieron todas las figuras: Nico Sánchez, Agustín Creevy, Pablo Matera, Martín Landajo, Juan Figallo, Emiliano Boffelli, Bautista Delguy, Javier Ortega Desio, Gonzalo Bertranou… todos. Tanta era la gente que se acercó que en un momento los jugadores tuvieron que salir para satisfacer la demanda. Siempre con buena onda y buena predisposición.

Si se remarca este hecho es porque no es muy frecuente. Al contrario, en general los jugadores son escépticos al contacto con el público. El contraste con los sudafricanos y con el resto de los seleccionados, aun los más encumbrados, acentúa este hecho. ¿Está bien? ¿Está mal? No es algo que corresponda juzgarse aquí. También es cierto que el público argentino es más invasivo que en otros países, especialmente los anglosajones. Los All Blacks son deidades en Nueva Zelanda y se pasean como si nada por su hotel.

Pero precisamente por esa calidez, que se potencia mucho más dentro de la cancha y que los rivales reconocen como factor cada vez que vienen a jugar a la Argentina, es que los jugadores tienen la obligación moral de reconocer ese afecto. No por imposición, sino por convencimiento. Porque así debería ser, naturalmente.

Recibir al seleccionado argentino una vez por año, o incluso una vez cada tanto en muchos casos, es todo un acontecimiento para una ciudad del interior. No es que exista por parte de este equipo aversión al acercamiento de la gente. De hecho, cada vez que hay entrenamientos abiertos los jugadores se quedan más de la cuenta interactuando con los asistentes. Lo que se pretende es que estos sucesos sean menos esporádicos y más naturales, no limitados sólo a los momentos pactados contractualmente.

Acercarse al público es mucho más que una obligación profesional: es el sentimiento que debería conllevar vestir la celeste y blanca. Ser Puma implica representar a todo el rugby argentino, y los hinchas, especialmente los más chicos, son parte esencial. Repetir situaciones como las de ayer y, aún más, acercarlas lo más posible a la cotidianeidad, sería auspicioso.

Hace unos días, durante la disputa del Mundial de Hockey femenino en Londres, un sitio especializado holandés criticó con dureza (algo exagerada y maliciosamente, pero no por ello sin razón en el fondo) la actitud de las jugadoras argentinas para con la prensa extranjera. Las acusaban de contestar secamente y de mala manera, entre otras actitudes desafortunadas de las Leonas durante el certamen. Al final, el periodista rescata el gran aliento de la hinchada argentina y el gesto de Julia Gomes al regalarle sus medias y canilleras tras un partido. De eso se trata.
Por: Alejo Miranda
Foto: UAR - GaspaFotos
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