ESPECIALES / Los especiales de Alejo
La conquista de Sudáfrica en Japón 2019 es un reflejo de cómo el rugby tiene la capacidad de atravesar las barreras del deporte y convertirse en un factor de transformación social. Lo analiza Alejo Miranda, en su columna en A Pleno Rugby. Además >> Kolisi: “Salimos a jugar la final por nuestro país”. Análisis: La mirada de Frankie Deges.

El rugby es sólo un juego, pero logra permearse hacia los subsuelos de la sociedad, se convierte en la forma de vida de un pueblo. Que esto ocurra en naciones como la neozelandesa o la galesa, donde el rugby es casi una religión, es casi natural, aunque no por eso menos valioso. Pero si este fenómeno se produce en un país segmentado racial y socialmente como Sudáfrica, se comprende mejor el poder transformador del rugby.



De Francois Pienaar a Siya Kolisi y de Chester Williams a Mazakole Mapimpi hay un abismo de diferencias atravesadas por el hilo conductor del rugby. Pienaar y Kolisi fueron los encargados de levantar la Webb Ellis Cup con 24 años de diferencia. Los dos terceras líneas, los dos con la número 6 en la espalda. Uno el capitán más emblemático en la historia de los Springboks, que recibió el trofeo de manos de Nelson Mandela en la postal más emblemática de la historia del rugby. El otro, el primer capitán negro de los Springboks, con todo lo que eso significa para Sudáfrica.

En 1995 había un solo jugador negro en el plantel de los Springboks: Chester Williams, que no pudo jugar la final por lesión. Fue todo un símbolo para un país donde las heridas del Apartheid, la política de segregación de la gente de color, todavía sangraban. La obra de Mandela fue clave, abrazando el certamen, aliándose con el equipo que encarnaba al antiguo enemigo y dejando atrás rencores que para cualquier mortal son irreconciliables.

El sábado en el International Stadium Yokohama Mazakole Mapimpi, otro wing de color, se convirtió en el primer sudafricano en apoyar un try en una final mundialista. En las dos anteriores, ante Nueva Zelanda en Johannesburgo en 1995 y ante Inglaterra en París en 2007, sólo había marcado puntos a través del pie. Luego Cheslin Kolbe, otro wing también de color, se sumó a la fiesta anotadora.

Hoy 12 de los 33 hombres que integraron el plantel mundialista son de color. En parte por la política de quotas impulsada por el gobierno nacional que obliga a todos los seleccionados de todos los deportes a tener un porcentaje de jugadores negros. Pero en buena parte también por la penetración cultural que ha tenido el rugby en estos 24 años en la sociedad sudafricana y, por supuesto, por su propia capacidad, como se refleja en las tres figuras que tuvo el partido señaladas más arriba.

Lo que sí se repite de 1995 a 2019, pasando por 2007, es la invulnerabilidad del in-goal sudafricano. Tres finales, tres títulos, tres partidos con el in-goal en cero. Sólo el pie de Merthens, Wilkinson y Farrell pudo darles puntos a sus rivales. Porque si hay algo que se mantiene indemne en el rugby sudafricano, más allá de los cambios de reglas, es su identidad de juego. La disciplina y la entrega máxima en la defensa está en su ADN.

Lo mismo que el uso del pie, el juego aéreo, el scrum, el maul y el line-out. Todas armas que funcionaron a la perfección el sábado y que terminaron desarmando la solidez de Inglaterra, que se desdibujó ante el poderío sudafricano y no se pareció en nada al equipo apabullante que ahogó a los All Blacks una semana atrás.

El entrenador Rassie Erasmus tuvo un rol central en esta conquista. Asumió en febrero de 2018, luego de dos años en los que su antecesor Allister Coetzee no diera en la tecla al intentar un esquema más revulsivo, a imagen del fenómeno que habían conseguido los Lions en el Super Rugby, incluidas tres finales consecutivas. Erasmus volvió a enfocarse en las bases del rugby sudafricano, devolvió al equipo poco a poco a la senda ganadora luego de derrotas con la Argentina e Italia, por ejemplo, reconquistó el Rugby Championship y alcanzó su punto máximo en Japón.

Cuando en 1965 el seleccionado argentino realizó su primera gira al exterior lo hizo hacia Sudáfrica, que siempre ha sido una especie de madre patria para este país en materia de rugby. Allí nacieron los Pumas, leyenda que se magnificó con la victoria ante Junior Springboks en Ellis Park. Cuentan los jugadores que vivieron esa experiencia que un sector de las tribunas había una especie de jaula donde se agrupaba el pequeño grupo de fanáticos del rugby de color. Hinchaban por los argentinos. Hoy, todo el país está unido detrás de los Springboks. Y gracias a ellos, en buena parte.
Por: Alejo Miranda
Foto: BBC Rugby Union
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