ESPECIALES / Los especiales de Alejo
Más allá de que el resultado del escrutinio fue adverso, la campaña que hizo Agustín Pichot sirvió para sembrar la necesidad de una transformación a nivel global, incluso en el seno de muchas uniones que votaron en su contra. Lo analiza Alejo Miranda. Además >> Beaumont, reelecto presidente. Los votos que decidieron la elección. Análisis >> Ganaron los mismos de siempre.

Agustín Pichot perdió la elección, pero ganó muchas cosas durante la campaña. Principalmente, sembró la de la transformación. Hoy en el seno de la mayoría de las uniones, incluso de muchas que optaron por la reelección de Bill Beaumont, está instalado el debate de que el rugby debe cambiar.


El inglés también planteó en su manifesto y en el comunicado que emitió World Rugby la necesidad de modificar las estructuras del rugby: hacerlo más global, llevarlo a todos los rincones, reformular la forma de gobierno, blablá. Sus próximos cuatro años de mandato no serían lo mismo sin la presión que le imprimió Pichot en esta contienda.

Hay cuestiones que el ex medio-scrum de los Pumas pretendía impulsar que ahora deberán, por lo menos, quedar en stand-by. Ascensos y descensos en el Seis Naciones, por ejemplo, imposible. Un calendario global uniforme, improbable. Llevar los British & Irish Lions fuera de sus destinos tradicionales, difícil.

Pero cuando Beaumont y los colosos del norte se sienten a debatir sobre tal o cual cuestión, sabrán que no sólo tendrán enfrente una férrea oposición de quienes apoyaron manifiestamente al argentino, sino incluso al seno de las propias uniones que lo apoyaron. Mismo dentro de las Home Nations está instalada la conciencia de que, de seguir con la mirada endógama que predomina, el progreso es inviable.

Estados Unidos, una potencia económica mundial, está en quiebra. Nueva Zelanda, el país más poderoso rugbísticamente, presentó un balance con un déficit de 4,5 millones de dólares para el ejercicio 2019. Australia, otro poderoso, está sumido en una crisis en la que año tras año pierde peso frente a otros deportes como el Rugby League y las Aussie Rules. Y muchas están al límite.

Esta elección también debe servir para propiciar cambios profundos en el sistema de representación política. ¿Italia tres votos y Fiji sólo uno? Alemania protestó porque no fue consultada por Rugby Europe a la hora de emitir sus dos sufragios. En Asia, 24 de los 28 miembros eligieron a Pichot (lo que le valió dos votos), pero los dos votos de Japón balancearon la elección continental.

¿Hubo traiciones de parte de África, Canadá, Fiji o Samoa? Sería irresponsable afirmar algo así. En una elección de esta magnitud, hay en juego cuestiones políticas que exceden el debate público. Ahora, cada una deberá rendir cuentas al interior de sus uniones por la elección, y eso también es un logro de la postulación de Pichot.

Resta por saber dónde se parará Pichot en los próximos cuatro años. Es difícil pensar que dará un paso al costado. Después de tanto esfuerzo y de haberse convertido en la imagen visible de una porción grande del rugby mundial que pide representación, tiene una obligación si se quiere hasta moral de seguir en la lucha. Puede permanecer en el Consejo como representante de la Argentina. Acaso tenga lugar en alguna comisión importante, como Competencia. Beaumont ratificó su amistad y agradeció su gestión aun en la vereda de enfrente, pero habrá que ver si debe pagar algún precio por habérsele opuesto. Gratis no le va a salir.

Aunque haya perdido, Pichot ganó mucho en esta elección.
Por: Alejo Miranda
Foto: Daniel Salvatori
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