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Festejo interminable
Festejo interminable
23/10/2011(A Pleno Rugby)
Los All Blacks sufrieron hasta el final pero disfrutaron la conquista de su segunda Copa del Mundo. En las tribunas, los hinchas que colmaron el Eden Park padecieron las mismas sensaciones y vibraron con la ruptura del maleficio. Color y calor, aditamentos que no faltaron en la final.

Todos, absolutamente todos en Nueva Zelanda estuvieron pendientes de este momento. Era el partido más importante de los últimos 24 años de historia rugbystica, con todo lo que ello implica. Por eso, desde temprano empezó a observarse como el Fanzone fue tomando color con el correr de la tarde.

Nadie, absolutamente nadie quiso perderse, aunque a la distancia, la gran chance de Francia de romper con su maleficio en finales y dar el batacazo más grande de la historia del rugby. A los pocos pero bulliciosos hinchas que hubo en el Eden Park -ese templo de la celebración del rugby neozelandés-, hubo muchos que hicieron enrojecer al máximo sus gargantas desde el Stade de France, abierto al público para la ocasión.

Como siempre, hubo de todo en cuanto a vestimenta. Porras con el azul, rojo y blanco característico de los franceses, caras pintadas en su totalidad y todo tipo de prendas para la ocasión. Del otro lado, claro, no se quedaron atrás. Muchas banderas y cualquier objeto identificatorio al negro era la premisa.

Tras los himnos, llegó uno de los momentos top de la noche: el Haka. Mientras los hombres de Graham Henry invitaban a la guerra con su danza maorí, el plantel francés se formó como una punta de flecha y comenzó a avanzar, incluso, trasponiendo la línea de la mitad del campo. A esa altura, ya todos en línea y agarrados de la mano, fueron en busca de su rival, como advirtiéndoles que no le temían a ese duelo que vendría después. La frutilla del postre: Ma’a Nonu haciendo la seña del corte de cuello y señalando a uno de sus adversarios. Picante.

Y sin dudas que no le faltó temor al XV de Marc Lievremont, que con coraje y mucha inteligencia, le jugó de igual a igual al elenco kiwi. El “Allez les Bleus” hasta el hartazgo fue el caballito de batalla, matizados con La Marsellesa. Eran visitantes, pero se hacían sentir.

El público local pensó que todo sería fiesta desde el try de Woodcock, pero tuvo que esperar y sufrir hasta el final, tratando de borrar alguna que otra imagen emparentada con su Némesis en Mundiales, que hasta tuvo una chance para ganarlo con un penal de Trinh-Duc que se fue desviado. Entonces sí, con el 8-7 consumado, se desató la locura.
 
Las calles de Auckland quedaron invadidas con la conquista del título tan ansiado. La zona más cercana al puerto de la ciudad, donde se encuentra el estadio, fue el escenario de los primeros festejos. Sin embargo, apenas minutos pasaron para que se trasladara a todo el país, que siente que recuperó algo que le pertenece: la gloria.


Por Juan Pablo Zenoni
Fotos: Daylife
Para
www.aplenorugby.com.ar
 

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